Segundo encuentro internacional de mujeres que luchan ( En español)

Fotografías : Isabel Lozano.
Traducción colectiva
Gracias compañeras!!!

             Vámonos para Morelia al Segundo encuentro internacional de mujeres que luchan (1). Esta vez solo habrá un tema, el de la violencia contra las mujeres. Una sola voluntad, que cese ya por fin. Tendremos tres días para denunciar, llorar, bailar, gritar. Hoy todavía no sé lo que pude traerme de este encuentro. Cargada de ese sentimiento/sensación de « inconformidad » que no logro traducir pero que me llena el cuerpo y el alma desde que estoy en estas tierras rebeldes.
Primera sorpresa, son chóferas que nos van a llevar al lugar del encuentro. En su comunicado, nos habíanavisado que iban a encargarse de todas las áreas para recibirnos en las mejores condiciones. Y como no sabían manejar, ¡aprendieron! Las zapatistas nunca dejarán de sorprendernos. ¡De veras!

        La inauguración fue mágica. Espectacular. Cientos de milicianas entran en la cancha para escuchar el discurso de la comandanta Amada (2). En su espalda, una niña duerme, indiferente a las miles de miradas que se fijan sobre su mamá. La comandante nos informa que somos más de tres mil mujeres del mundo, originarias de 49 países. Un discurso de bienvenida para todas las mujeres que luchan en su mundo/sus geografías según su propia manera. « Pensamos que la diferencia no es una debilidad. Pensamos que la diferencia es una fuerza poderosa si hay respeto y acuerdo para luchar juntas pero no revueltas ».
Un año después del primer encuentro, el balance sobre las violencias en contra de las mujeres es todavía abrumador. Desesperante. Los asesinatos, las desapariciones, las violaciones no han disminuido. ¡Al contrario! Y cuando Amada pregunta a la asistencia cómo nos organizamos en nuestras geografías, se siente una vacilación. Nos miramos de reojo. Muy conscientes que lo poco que hemos hecho no merece ser contado aquí. Sigue una lista de supuestos progresos sobre los derechos de las mujeres, puntuados por un implacable « Pero nos siguen asesinando ». Se repite esta oración escalofriante unas diez veces. Estamos como pendientes de sus palabras, todas unidas en el mismo dolor y la misma rabia constatando la impunidad que prevalece cuando se habla de la situación de las mujeres. Ya sea aquí en Chiapas, en Kurdistán o en Marsella.
Sin triunfalismo, Amada nos comparte que en el territorio zapatista, no hay ni feminicidios ni desaparición de mujeres. Prueba de que la organización puede ser una barrera frente a la infamia.
Para las zapatistas, no cabe duda: « En este mundo capitalista y patriarcal, ser mujer es la más peligrosa de las condiciones ». ¡Hay que seguir luchando por un derecho fundamental, « El derecho a vivir!». Insiste « El derecho a la vida, como todos los derechos, tenemos que conquistarlos, todo el tiempo y en todos los lugares. Para las mujeres que luchan, no hay descanso. Su conclusión es sencilla, « Hay que aprender a protegernos y a defendernos con todo lo que tenemos. Y si no tenemos nada, entonces será con palos y piedras. Y si no hay palos ni piedras entonces será con nuestro cuerpo. Defenderse con uñas y dientes, arrancar cada espacio de libertad con dientes, ¡no tenemos otra opción! ». Un discurso lleno de fuerza, lejos de cualquier ideología pacifista. « Estamos en guerra », declara firme Amada. El tiempo del silencio y del miedo terminó. Es tiempo de organizarse juntas. ¡Tenemos que vivir a la defensiva! El mensaje está claro. No hace falta traducir…

Las milicianas siguen. Algunas con palos de defensa, otras con arcos al hombro. Una música sale de ninguna parte. Se reconoce la tonada de « 17 años » por Los Ángeles Azules. Muy de moda por aquí. En el centro de la cancha, una niña que se llama Esperanza zapatista, una vela en la mano. Las milicianas la rodean y forman un caracol. Luego se arrodillan. Las arqueras se quedan paradas, en primer plano. Se ponen en posición de tiro. La metáfora es clara. La demostración, elocuente. Su determinación nos deja sin palabras. Es impactante. Necesitaremos algunos segundos para regresar a este planeta.

             Lo que sigue será más confuso y me cuesta trabajo relatarlo. El primer día, se dedicó a las denuncias. Se abre el micrófono a quien quiere contar su historia, alumbrar su dolor. Entonces, se desata una ola de horrores, de violaciones, de abusos infantiles. Las mujeres van temblorosas al micrófono. Para algunas, es la primera vez que exponen en público lo que les sucedió. Es conmovedor y a la vez aterrador. Cuesta soportar tal magnitud. Todas nos volvemos hermanas de dolor. Está también la madre de Lesvy Osorio que peleó sin descanso para que el asesinato de su hija fuera reconocido como feminicidio y no como suicidio. Otras madres, hermanas van a hablar de sus desaparecidas, de las que buscan sin descanso. Situaciones individuales que al final por la semejanza se vuelven casi universales. Cada una reconociéndose en la otra y cada pequeño logro, por mínimo que sea, permite luchar contraesta impunidad que prevalece en todo el país (3). Es aterrador mirar a estas mujeres a la vez heridas yluchadoras. Mujeres que pelean para ellas mismas pero sobretodo para que no vuelva a suceder. De repente, un coro de mujeres lanza « Lesvy no está muerta, Lesvy somos todas ». En este rincón del mundo, las ausentes vuelven a la vida. Tenemos lágrimas en el corazón. La única opción para no reventar, es irse a tomar un café, aunque cuesta trabajo tragarlo. Un trago de tequila sería más apropiado pero en esos tiempos de ley seca, es imposible. Y luego, arrastrarse hacia un rinconcito alejada de la gente. Llorar a lágrima viva, intentando no abrir su propia caja de Pandora.
Claro que siento empatía por todas estas mujeres heridas pero también me siento incómoda frente a esos « YO » que abarcan todo. Entiendo la necesidad de catarsis pero el día siguiente, eso sigue. La lista creció y cada una toma su espacio y libera su palabra. Estoy al borde de la saturación o de la náusea, ya ni sé. Las mujeres de Guatemala o las mujeres de Chiapas llegan juntas para contar las violencias que viven en su comunidad y utilizan el « NOSOTRAS ». Igual que esta joven de Kurdistán que será aplaudida no para ella misma sino para las luchadoras de allá que resisten en ese rincón lejano de Rojava. Una joven de la India anunciará la cifra insoportable de 20 violaciones por día en su país. Hay miles de emociones que me atraviesan. Estoy en el corazón de mis propias montañas rusas…

             Abrumada por mil sentimientos, voy a perderme en la música y el baile. En el centro de la cancha, hay un grupo de mujeres que tocan el tambor. Se podrían asemejar a brujas modernas, las nietas de las que no fueron quemadas. Sus cantos con onomatopeyas suenan a rezos. El ritmo se acelera. Sus cuerpos se animan en colectivo. Estamos cerca del trance jubiloso. Otras cantan a todo pulmón « Nunca, pero nunca me abandones en la lucha » en la tonada de « Los hijos del sol ». Todo esto con benevolencia, un tanto hippy pero como mi estado de ánimo fluctúa en cada instante, experimento el vaso medio vacío o medio lleno. Entro en el círculo para sacudir mis malas vibras. Mi cuerpo me insta « Cállate y baila ». Entonces, danzo. Sola y múltiple a la vez. Danzo para todas las que ya no lo pueden hacer. Para ellas, para mí. ¡Para la vida!
Habrá otros espacios para exorcizar el dolor, para descargar la rabia. Como esos talleres de defensa propia para responder al imperativo de las zapatistas de defenderse con dientes y uñas. Algunas lo hacen con dedicación hasta tumbar al suelo la profe con violencia. Quizá un gesto que no supieron hacer por una noche fatal. Quizá la convicción intima que no hay otros modos de protegerse.
Luego, las raperas toman por asalto la noche. Su flow es rabioso, las palabras brotan, el machismo, el patriarcado está despedazado. En ese momento, pienso que ojalá ningún hombre pase por ahí, podría ser linchado o casi. Hay algo como un odio hacia los hombres que se desprende, sobre todo por parte de las más jóvenes, que me deja pensativa. Pero una vocecita interior me pregunta « ¿Y qué harías con el peor de los culeros? ». No tengo respuestas. Ya no sé qué pensar. Completamente trastornada, como al lado de mí misma. Mi inconformidad no me deja. Menos mal, una acordeonista inicia una cumbia irresistible. Dos mujeres empiezan a sacudirse. Una joven. La otra de más edad. Una de piel clara. La otra con la piel del color de la noche. Danzan para ellas mismas, para nosotras, para otro mundo. Es fenomenal. Las miro, fascinada y bajo las armas. Por fin…
Si me siento comprometida por el « feminismo zapatista », es justo porque nunca se ha afirmado como feminista. Desde hace unos 26 años ya, obraron en la sombra al servicio de su comunidad. Sin quemar mantas ni brasieres. Sin embargo, supieron organizarse juntas para encontrar su lugar. Redactaron la Ley Revolucionaria de las mujeres (4). Son comandantas, milicianas, chóferas, videastas, encargadas del sonido y de la luz, de la logística pero también cuidan a sus hijos, hacen tortillas, lavan la ropa, cocinan y tejen entre ellas. Múltiples y rebeldes a la vez. Mujeres con todas sus fragilidades. Y con todas sus fuerzas, también.
Zapatistas que tienen sentido de memoria, que saben de dónde vienen y no olvidan las que las antecedieron, como la comandanta Ramona (5), un ejemplo de dignidad y rebeldía. De hecho, el lugar donde nos encontramos se llama  « Huellas del caminar de la comandanta Ramona ». Sin embargo, siento que este espacio no mixto sólo es una paréntesis. Un mundo en el cual las mujeres tomarían el poder, o un mundo en el cual los hombres serían ausentes no me convendría para nada. De hecho, en cuanto a los zapatistas, es la comunidad, hombres y mujeres juntos, la que ha permitido avanzar sobre este asunto. Juntos, pelearon para estar aquí todavía, 26 años después.

            Al día siguiente habrán mesas para encontrar proposiciones colectivas pero como tienen lugar al mismo tiempo, es difícil estar en todas partes para hacerse una idea de lo que podría emerger de este tipo de espacio. Cada una comparte sus experiencias, la educación estando al centro de todos los debates para intentar cambiar las mentalidades. Una educación alternativa para integrar a los hombres en el cambio, bueno para algunas, porque para otras un mundo sin hombres es la única solución. Sin embargo, todas se escuchan con respeto. Las zapatistas, ellas, escuchan, es su modo. Hubiéramos querido escucharlas un poco más, intercambiar sobre su modo de acción, su manera de ser pero estaban muy atareadas por la logística.
Luego, llegó el tiempo de cerrar este encuentro. Esta vez, es la Comandanta Yésica quien toma la palabra en nombre de todas sus compañeras (6). Declara que todas la mujeres presentes depositaron su dolor y recibieron un abrazo de sororidad pero para ellas no es bastante. La intención era aprender a defenderse « Merecemos mucho más que un simple apoyo. Necesitamos libertad y justicia. Necesitamos y merecemos el derecho de vivir. Vamos a conquistarlo nosotras mismas con el único propósito de apoyarnos, de protegernos y defendernos ». Para concluir, propondrá que cada colectivo, en su país, en su región, su ciudad organice un evento el 8 de marzo del 2020 con como signo de unión un moño negro por todas las mujeres asesinadas o desaparecidas. Nada muy revolucionario bajo el sol. Pero, después de todo, la visibilidad, el hecho de dejar de callarse es una cosa fundamental. Otra cosa esencial que vale recordar de esos encuentros, es aprender a organizarse juntas. Si cada una regresa a su rincón del mundo con esas ideas sencillas, ya es un gran paso para intentar invertir la tendencia. Para acabar, las milicianas retoman la coreografía inaugural para recordar que hay que defendernos. Esperanza zapatista en el corazón reúne a todas las esperanzas.

             Algunos días más tarde, es el momento de la fiesta. El EZLN nos invita a celebrar juntos los 26 años del alzamiento zapatista del 1° de enero de 1994. Hay casi más milicianas y milicianos que personas de afuera. Pero después de un mes tan intenso, tal vez es normal que las fuerzas vivas se hayan dispersado un poco. El Subcomandante Insurgente Moisés toma la palabra (7). Con una voz firme, cuenta un tiempo en el cual los indígenas de Chiapas morían dos veces, de la muerte en sí pero también por el olvido. Morir como un perro o vivir como un ser humano en lucha. La elección se impuso sola.  Y aquel 1° de enero del 1994, lograron infundir un viento rebelde en esas montañas del sureste de Chiapas. Insiste diciendo que los zapatistas todavía están allí. Los milicianos les contestan al unisono « AQUÍ ESTAMOS ». Un clamor para dar escalofríos. Moisés  de manera humilde afirmará « Podemos decir sin penaque nuestros avances, nuestros triunfos, nuestros logros se deben a su apoyo y a su ayuda. Los errores, atorones y fallas son solo responsabilidad nuestra ». Recuerda que el monstruo capitalista, la bestia, como la llama sigue creciendo y que destruye sin escrúpulos a la Madre naturaleza, los pueblos enteros así como culturas y civilizaciones milenarias. Añade que la bestia se esconde detrás de otros nombres como el de « megaproyectos », lista para tragar de un bocado, el aire, el agua, la tierra y las personas.
Y esos supuestos progresos para los pueblos no son más que artimañas y mentiras, afirma sin rodeos. Luego, critica la pseudo consulta del mal llamado tren maya. Frente a AMLO, los zapatistas declaran claramente que no se rendirán y que seguirán su camino hacia la emancipación, sin descanso. Concluye con una pregunta « ¿El gobierno estará dispuesto, a cualquier precio, a hacerlos desaparecer o incluso a asesinarlos? ». La pregunta queda abierta. Aunque desgraciadamente se puede presuponer la respuesta…

             Dos eventos. Dos ambientes. Pero una sola y única determinación, la de continuar luchando y creando zonas de autonomía. Los zapatistas están y estarán siempre allí. Cuidadores y protectores de esta tierra, que los recibe generosamente desde hace cientos de años.
¡Ya está! Este mes de diciembre justo se termina. Salimos de todo esto agotados, removidos por miles de emociones, por miles de preguntas. Pero siempre muy admirativos del trabajo gigantesco que los zapatistas entregan para existir, resistir, protegerse y crear un mundo donde caben tantos mundos. Última mirada sobre las montañas de Morelia. Y pensamos que hay lugares donde uno regresará siempre. Ya es una certidumbre Y solo concluir con estas sencillas palabras, ¡Gracias compañerxs zapatistas! Y como siempre, cuando las emociones son demasiado fuertes, acabar con música.¡¡Hay que bailar!!

Ciudad Mexico, Marzo 2020

 

 

(1) Para ver, en este blog, el artículo de la primera edición
https://delautrecoteducharco.wordpress.com/2018/05/13/primer-encuentro-internacional-politico-artistico-deportivo-y-cultural-de-mujeres-que-luchan/

(2) https://radiozapatista.org/?p=33213

(3) https://www.eluniversal.com.mx/metropoli/cdmx/dan-45-anos-de-prision-exnovio-de-lesvy-por-feminicidio-agravado?fbclid=IwAR310f-u6aZbi5IyzmaIS4g3Ec5myfwnz8ksERXMAX–Qf_t59yVcBgY8_0

(4) https://espoirchiapas.blogspot.com/2014/05/la-loi-revolutionnaire-des-femmes.html?m=0

(5) https://www.somoselmedio.com/2019/01/09/mujer-indigena-y-rebelde-comandanta-ramona-a-trece-anos-de-su-muerte/

https://www.jornada.com.mx/2006/01/16/oja105-gloria.html

(6) https://radiozapatista.org/?p=33246

(7) https://radiozapatista.org/?p=33253

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